La resistencia poética y el empeño de un neohispanoparlante conquistan a un público entregado
Te acercamos la crónica del concierto de Mika en Valladolid.
La música, siempre
La madre de Mika decía que cuando la vida es alegre, uno se puede permitir escuchar música triste.
Pero, cuando la vida es una mierda, que alguna que otra vez lo es, hay que poner a todo trapo la música más feliz del mundo.
Una filosofía de vida cargada de lógica, que el músico británico de origen libanés Mika, universalizó ante miles de vallisoletanos y foráneos que se acercaron a la Plaza Mayor de la ciudad del Pisuerga, con motivo de sus fiestas patronales, en el concierto central de las ferias.
Esa filosofía, para quienes nacimos en los 70, y nos inculcaban aquello de humildad, ahorro y esfuerzo, era un mantra. Muchos nos conformábamos con disponer de un Ford Fiesta blanco -no es broma, aunque en mi vehículo se escuchaba más a Nirvana que a los Hombres G-, tras sacarnos el carné de conducir. En él, un servidor tuvo durante muchos años “la cinta”.
Efectivamente, la típica cassette TDK transparente con su pegatinita escrita a mano en la que podía leerse…
VARIOS.
Acertaste.
Luego llegarían los CDs, el MP3, el compacto para leer el MP3, el minidisc, la cinta que leía CDs en el coche, el lector del CD en el coche nuevo, el pincho USB, el Ipod, el móvil, las plataformas de streaming… y veremos qué nos depara el futuro.
Pero, una cosa te diré: vendrá con más música.
Nueva, y vieja por descubrir.
Sin música en el futuro, yo me bajo.
Un ciclón que hizo uno de los mejores discos de los 2000
Pero, al lío: A Mika lo descubrimos allá por 2008, aunque su primer disco, uno de los mejores del pop de toda la primera década de los 2000 se lanzó un año antes por la histórica discográfica inglesa Island (la de U2 o Thin Lizzy, por ejemplo), entonces distribuida por Universal. Y voló la cabeza a millones de personas.
Entre ellas, a mí.
Ese disco es soberbio.
Colosal.
Y su autor lo sabe.
Ayer lo dejó claro sobre el escenario.
Porque de las 15 canciones que compusieron la setlist que se vio (y escuchó) en Valladolid, la mitad (siete) correspondieron a aquel Live in cartoon motion.
Acierta, como digo, con el planteamiento de su gira Michael Holbrook.
Como también acierta con los mensajes que pueblan su no breve argumentario concertístico.
Con su música y sus intervenciones llenó 1 hora y 47 minutos de show, que tuvo de todo.
Pero el tiempo se pasó en un suspiro.
Buena señal.
Desde una muestra de sus avances con el español -impresionante la dicción del cantante, que confesó llevar sólo cinco meses con esa tarea inmersiva, con búsqueda de la palabra correcta incluida (imagino al músico, ensayando ante el espejo)-, hasta el protagonismo que dio a una paisana llamada Raquel, de 80 años, que el autor de Relax (take it easy) erigió en la mayor fan española del artista.
Todo sea dicho que la competencia fue importante para la señora, quien estuvo acompañada por una hija en una terraza del flanco sur de la Plaza.
A Raquel Mika la intentó guiar para que, a su vez, hiciera de maestra de orquesta con el público para corear Underwater.
Lo intentó, ya digo…

Singing in the rain
Hubo de todo.
En ese compendio de sucesos que sembraron el espectáculo, la bajada a la arena del cantante, que recorrió un tramo no precisamente pequeño del ágora vallisoletano, para regocijo de los presentes fue el apoteósis.
Ojos como platos.
Y, aunque se empeñó en no decir nada de sus arengas en inglés -obviamente, otra cosa eran sus temas musicales-, pareció querer emular a Fred Astaire en esa huida a los espacios del pueblo llano cuando se subió a una farola situada a la izquierda del escenario, donde dos muchachas de unos 15 años vivieron una escena que probablemente no olviden en su vida. Mika cantaba al lado de sus orejas Big girl (you are beautiful).
Hemos estado con un cantante que canta, podrán decir en el futuro, no como esos que triunfaban en 2024. Hay un vídeo circulando estos días con Michael Stipe, de REM, atendiendo una entrevista, en la que escucha un audio solo con su voz en Losing my religion…
Si puedes, velo. Te lo recomiendo.
Resistencia poética y sembrada de luz
De manera que, a un concierto con buena imagen, buen sonido, y una producción aneja al artista y su banda -elegantemente vestida- sobre el tablao, Mika añadió otros ingredientes, que hicieron especial una noche cualquiera de un martes de otro septiembre más, en estos primeros días de un mes al que se van asomando el frío y la rutina.

Estoy muy feliz porque hay una persona, mi madre, que hablaba muchísimo español. Estudió y vivió en varias zonas de España, recordó Mika, a modo de homenaje a quien le dio la vida, al igual que a sus cuatro hermanos.
Sería su concierto preferido. Como Valladolid era su preferida de España.
Era su speech previo a la única canción en lengua no inglesa que interpretó, Elle me dit, dedicada a las madres con hijos puñeteros.
Mamá, te amo.
La gira de Mika en 2024 empezó el 26 de febrero en la localidad francesa de Cournon-d’Auvergne. Siete meses después, en su último concierto del tour europeo, demostrando un casi perfecto castellano -con una gran pronunciación- en la que algunos dicen que es la ciudad donde mejor se habla la lengua de Cervantes, Michael Holbrook (Beirut, 1981) se ganó al público no siempre fácil de Valladolid con su cercanía, humildad y sentido de la oportunidad y del humor.
También con el sexto sentido, el común, que ya hemos dicho por aquí que es el menos común de todos.

Del comienzo dulce al cierre florido
La noche tuvo un comienzo dulce, con su Ice Cream y Lollypop (helado+piruleta), que ya vaticinaba un buen sonido -cuánto se agradece, porque menudos truños nos hemos comido este año, a precios prohibitivos…- y un público absolutamente entregado en las primeras filas, volvía a poner de manifiesto que, pese a que no es barato traer a un artista de este nivel, el retorno existe.
Merece la pena el esfuerzo.
Ya sabes, cultura de los nacidos en los 70 y baby boom…
Entre el gentío, como destacó Mika, había fans llegados de toda Europa e Iberoamérica. Desde Finlandia a Italia, pasando por Francia o Irlanda.
Delante de mí, unos franceses absolutamente volcados con las canciones.
Y es que, esta idea de los conciertos internacionales, que puso en marcha el anterior alcalde, se agradece que haya tenido continuidad con el actual equipo de gobierno, con su regidor, que, por cierto, es un enorme aficionado al rock, al frente.

Un coro guiado
Hubo bengalas, ese coro guiado por Mika y Raquel en Underwater, el recuerdo al Butterfly Lounge de California, en Big girl (You Are Beautiful), bandera arcoíris.
Sorprendente pero cierto: recordatorio a los que han hecho a la empresa de Juan Roig quitar del lineal frutero las piñas.
Balones morados y blancos, color, más color, varios trajes, muestra de pechamen al final del show, flores hasta por la cabeza, e incluso una muestra de las dimensiones de la pantalla (2838×1408 píxeles).
De todo.
Hubo de todo.
Por haber, hasta hubo espejo, escalera y un piano al que se subió Mika para emular a Elton John, otro mito con el que fue comparado, como cuando llegaron a decir que su voz no estaba lejos de la de Freddie.
Ahí se pasaron de frenada. Pero a falsetes, pocos ganan a Mika.
Pero Mika se ganó el pan. Lo dio todo y más.
Y lo dio con clase, estilo, voz y un excelente acompañamiento.
Todo muy completito, alegre, apañao y que, encima siendo gratuito, a uno le dejó una sonrisa puesta por al menos un par de días.
Vamos teniendo una edad… Lo siguiente será vigilar obras con los brazos cruzados a la espalda.
Se agradece mucho el aire fresco, tras el verano de bochorno calorífico que hemos pasado en esta ciudad.
Mika, amigo mío: en Valladolid, lo bordaste.
Nota
9/10
Setlist
Ice cream
Lollypop
Origin of love
Big girl (You Are Beautiful)
Underwater
Relax (Take it Easy)
Yo Yo
Life your life
Stuck in the middle
Popular song
Elle me dit
Grace Kelly
Happy ending
We are Golden
Love today
Crónica de Chema y Pablo Sánchez








Muy interesante, la verdad